martes, 5 de noviembre de 2013

infraestructura mental

INFRAESTRUCTURA MENTAL


Nada mejor que una mente bien amueblada para dirigir una empresa. Una mente generadora de pensamientos constructivos, deseosos de verse plasmados en realidades productivas.

Un directivo que quiera avanzar hacia el concepto de excelencia profesional, no debería, desde mi punto de vista, amueblar su vivienda profesional, sólo con cifras a corto plazo; ni dejarse atrapar por la inmediatez de lo urgente.

Aquellas empresas que están dirigidas por excelentes profesionales, no sólo evolucionan bien sino que benefician al conjunto de la sociedad. Estos profesionales, inquietos y preocupados por la empresa que dirigen, no dejan vacío el compartimento social.

No es necesario tener una mente prodigiosa para ser un excelente profesional; igual que no se requiere una vivienda de lujo para ser feliz. Cualquier profesional puede sentirse desarrollado y aportar un cien por cien de su rendimiento. La intencionalidad de querer mejorar, es para mí, un requisito esencial para llegar a ser un buen profesional.

Una mente sana y equilibrada sabe lo importante que son los sentimientos para incrementar la competitividad. La inteligencia emocional, tan de moda últimamente, en el ámbito empresarial, no es otra cosa que gestionar inteligentemente las distintas emociones que sentimos los seres humanos; y sobre todo aprender a gestionar las emociones negativas: miedo, odio, rencor.

Muchas empresas, que poseen grandes infraestructuras, desaparecerán ante la inevitable competitividad, ya que no valoran suficientemente las INFRAESTRUCTURAS MENTALES de quienes las componen, para afrontar las exigencias de los mercados.

¡Imagínense lo importante que es amueblar emocionalmente los distintos departamentos de una empresa! Cuantas más mentes estén impregnadas de una cultura empresarial cuyo principio sea la excelencia organizacional, más sólida será la infraestructura organizativa; y de mayor resistencia estará dotada la empresa para hacer frente con éxito a los inevitables y peligrosos movimientos sísmicos que producen los mercados.

Siendo, todo lo anteriormente expuesto, en este breve y sencillo artículo, de sentido común, ¿por qué nos empecinamos en seguir amueblando lujosamente los despachos de aquellos directivos que no quieren mejorar la infraestructura mental de la empresa? Posiblemente, al igual que ocurre con los decorados cinematográficos, seamos más felices y nos sintamos más seguros autosugestionándonos con imágenes de ficción.

Lamentablemente se infravaloran a muchas mentes creativas que tantos beneficios pueden generar si se les tuviera en consideración sus propuestas edificadoras, eficaces y rentables para todos.

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